Fragmento de la segunda clase del curso Mística, botánica y poesía

Emily provenía de una familia connotada de Massachusetts. La ciudad más grande de ese estado es Boston, una ciudad universitaria; más al sur está Nantucket, el puerto ballenero, conocido por su aparición en Moby Dick de Herman Melville; hacia el norte está Salem, que ustedes la habrán escuchado nombrar por el caso de sus brujas, un capítulo terrible de la historia norteamericana. En fin, ella es enviada por su padre –que estuvo muy involucrado en su formación–, a estudiar a la escuela de Amherst, donde pudo aprender latín, griego, filosofía, gramática y se interesó mucho por la clase de botánica. Dentro de las profesoras, había una mujer que se llamaba Lincoln Phelps, una persona que no está muy registrada en la historia. Ella estaba llevando a cabo un estudio de botánica señero en ese estado, muy sistematizado.
Tenemos que entender que ya no es la botánica de Hildegard von Bingen, que tiene más que ver con la medicina, la curación del alma, y toda la teoría de los humores, tan extendida en la Edad Media. En el siglo XIX en el está viviendo Emily, la botánica está pasada por la presencia y las publicaciones de Carlos Lineo, este científico alemán que hizo todo un ordenamiento taxonómico (órdenes, familia, subfamilia, especie, subespecie) a partir de sus expediciones y colectas.
Estamos en un momento en que claramente está activa la revolución industrial. Los conocimientos científicos estaban avanzando muy rápidamente. Ya en la escuela donde estudiaba había microscopios y ella va revisar obras como el Catalogue of plants, in the vecinity of Amherst College de Edward Hitchcock, que lo va a nombrar en una carta de 1877, cuando hace memoria de esos días:
Esperaré con alegría el «Pequeño libro», porque es tuyo, aunque lo busque en vano en las Revistas, donde antes escribía; recientemente he encontrado dos Artículos suyos que me eran desconocidos, y me he maravillado de nuevo ante su pensamiento recatado.
Cuando las Flores morían cada año y yo era sólo una niña, solía leer el libro del Dr. Hitchcock sobre las flores de Norteamérica. Esto consolaba su Ausencia, asegurándome que seguían vivas.
Carta a T. W. Higginson, comienzo de 1877
Letters of Emily Dickinson, Vol. 2, 1855-1879
A sus catorce y quince años, cuenta –muy entusiasmada– de que está empezando a hacer un herbario, y que la botánica es su clase favorita. Una de esas cartas la envía a Abiah Root:
He salido a caminar esta noche, y reuní una buena cantidad de flores silvestres. Me encantaría que tú tuvieras algunas. […] Mis plantas tienen muy buen aspecto ahora. Te voy a enviar una hojita de geranio con esta carta, que tienes que prensar por mí. ¿Ya te has hecho un herbario? Espero que lo hagas si aún no lo has hecho, te resultará un tesoro; casi todas las chicas se están haciendo uno. Si lo haces, quizá pueda añadirle algunas plantas de los jardines que hay por aquí.
Carta a Abiah Root, 4 de mayo de 1845.
Letters of Emily Dickinson, Vol. 1, 1842-1854
Ella va a empezar a coleccionar plantas y va a realizar toda la técnica de prensado. Pero su herbario no va a estar ordenado al estilo de Linneo. No, su manera de fijar sus recolecciones, va a estar determinado por un carácter estético, por colores, por formas, por las fechas en que hizo los hallazgos. No por familia, ni subfamilias, ni nada de eso. Va a ser un ordenamiento más personal. Y para hacer sus intercambios, se va a conectar con profesoras que le van a enviar también espécimenes ya prensados:
He recibido un sorpresiva hoja de periódico de la señorita Adams, nuestra querida profesora. Dentro de él, me ha enviado un precioso ramillete de flores de Bowers prensadas que aprecio mucho, ya que son un regalo suyo. ¡Qué felices éramos todas juntas aquel trimestre que fuimos a casa de la señorita Adams!
Carta a Abiah Root, 7 de mayo de 1845.
Letters of Emily Dickinson, Vol. 1, 1842-1854

Caminará por el bosque junto con su hermana, Lavinia, en Amherst, buscando especies. O sea, se convertirá en una fascinación, que va a desarrollar hasta al menos los veinte años de edad. En esa carta de 1877 que les mostré al inicio, con el señor Higginson –uno de los importantes divulgadores de la obra de Emily–, ella le habla de que su poesía está basada en la observación y contemplación de determinadas flores, y en ciertos libros que ella leyó en esos años. Ahora, lo magnífico de esto, es que aquí se conectan los distintos puntos de este curso. En su herbario, ordenado bajo una idea estética, cada especie va a llevar un número, y ese número, muchas veces, no siempre, estará asociado a un poema escrito en una libreta. Por lo tanto, su sistema es deliberadamente poético: ese herbario es partícipe de toda su vida interior; en él se unen la recolección, la meditación y la escritura.
Para saber más del curso, puedes revisar aquí.
**Puedes revisar los herbarios de Emily Dickinson en la siguiente página [Ver el Herbario completo]
***Sobre el tema es muy recomendable la edición de Herbario y antología botánica (Ya lo dijo Camisimo Parker, 2020), con traducción de Eva Gallud. Y también la biografía de Alfred Habegger My Wars Are Laid Away in Books (Random House, 2001).